Monóxido de carbono

El monóxido de carbono es un gas incoloro, inodoro y sin sabor que es ligeramente menos denso que el aire. Es altamente toxico para las formas de vida que emplean la hemoglobulina como transportador de oxigeno en la sangre. En la actualidad, la combustión incompleta de combustibles fósiles genera al año miles de incidentes de intoxicación con monóxido de carbono, en especial en países en vía de desarrollo.

Estructura del monóxido de carbono

Consiste en un átomo de carbono y un átomo de oxigeno conectados por un enlace triple. La longitud de enlace entre ambos átomos es de 112.8 pm, una energía de enlace muy alta (cerca de 11.65 eV) y 10 electrones en la capa de valencia. Debido a cuatro de los electrones compartidos los aporta el oxigeno y solo dos el carbono, un orbital de enlace es ocupado por dos electrones del oxígeno, generando un enlace dipolar, generando a su vez una polarización en la molécula, con una pequeña carga negativa en el carbono y una ligera carga positiva en el oxígeno.

Estructura 3D del monóxido de carbono

El primero en observar la toxicidad del monóxido de carbono fue Aristóteles, que reportó un método de ejecución en el cual el condenado era encerrado con carbones encendidos que producían gases tóxicos. El medico griego Galeno especuló que generaba un cambio en la composición del aire, pero no conocía el mecanismo de muerte. En 1776 el químico francés Joseph Marie François de Lassone produje monóxido de carbono calentando oxido de zinc con carbón, pero lo identificó erróneamente como hidrogeno. Fue el químico escoces William Cruikshank que en 1800 identificó un compuesto de oxígeno y carbono.

Durante la segunda guerra mundial, se empleaba como combustible alterno para motores de combustión interna que consistía en una mezcla gaseosa que incluía monóxido de carbono, que se producía a partir de gasificadores de madera o carbón vegetal.