Charles Robert Harington

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Sir Charles Robert Harington (1 de agosto de 1897 – 4 de febrero de 1972) fue un químico inglés, más conocido por dilucidar la estructura de la tiroxina.

Antecedentes nobles de Charles Harington

Por nacimiento, Charles Harington era miembro de una de las familias más antiguas de Inglaterra. A lo largo de la Edad Media, su historia fue típica de la turbulenta nobleza de la época. Emparentados por matrimonio con los Tudor y los Estuardo, desempeñaron un papel digno de mención durante los siglos XVI y XVII, pero, al haberse puesto del lado del Parlamento durante la Guerra Civil, su fortuna sufrió un duro revés en la Restauración.

Sir Charles Robert Harington
Sir Charles Robert Harington

En la familia figuraban Sir William, que llevó el estandarte en Agincourt; Sir John, cortesano, poeta, soldado e inventor del inodoro; Sir James, que fue uno de los jueces de Carlos I, y el James que escribió «The Commonwealth of Oceana», que más tarde se convirtió en una especie de libro de texto para los padres fundadores de los Estados Unidos de América.

Sin embargo, a lo largo de su dilatada historia, sólo un miembro de la familia, antes de Charles Harington, se distinguió en el ámbito científico. Éste, amigo de Samuel Pepys, fue elegido en 1663 miembro de la Royal Society, presumiblemente en virtud de sus trabajos sobre la suspensión de la vida por el frío. Es una notable coincidencia que, trescientos años más tarde, el trabajo definitivo sobre ese tema se haya realizado en el Instituto Nacional de Investigación Médica durante la dirección de Charles Harington.

Infancia y educación

La infancia de Harington transcurrió en una sucesión de parroquias rurales de las que su padre era vicario. En 1907, mientras estaba en su escuela preparatoria, se produjo un acontecimiento que alteró toda su vida. Desarrolló una tuberculosis de cadera. Durante cuatro años estuvo inmovilizado y otros dos con muletas. Por lo tanto, su educación tuvo que continuar en casa.


No obstante, obtuvo una beca para el Malvern College, aunque no pudo aceptarla hasta dos años después. En consecuencia, sólo pasó dos años en la escuela, pero esto le bastó para ganar una exposición en matemáticas para el Magdalene College, en Cambridge. Al llegar allí, en octubre de 1916, le dijeron que, debido a su salud, debía abandonar su ambición de ser ingeniero. En consecuencia, se inclinó por las ciencias naturales.

En búsqueda de la química del cuerpo humano

Tras licenciarse en 1919, su creciente interés por la aplicación de la química a la farmacología le llevó al laboratorio de George Barger en Edimburgo. Aquí no tardó en demostrar su calidad, con el resultado de que cuatro años más tarde fue nombrado profesor en el recién creado departamento de Patología Química de la Facultad de Medicina del University College Hospital de Londres.

A su regreso de un año en América, se lanzó a la investigación de las secreciones internas de la glándula tiroides. En cinco años, determinó la composición química de la tiroxina y realizó su síntesis. Por ello, no es de extrañar que, a la temprana edad de treinta y tres años, fuera elegido FRS y ascendido a catedrático.


En la historia de la medicina, el nombre de Harington siempre se asociará con el trabajo que puso a nuestro conocimiento de la química de la tiroides en una base sólida. Pero esto no debe ocultar la importancia de sus contribuciones pioneras en otros campos. En particular, abrió la investigación en inmunoquímica.

Hizo importantes contribuciones al estudio de las antihormonas. Fue el primero en purificar la insulina. Sintetizó el glutatión. De hecho, al principio de su madurez ya tenía en su haber una sucesión de logros que le situaban en la primera fila de la bioquímica. Pero esto no explica por sí mismo la reputación que estaba adquiriendo en amplios círculos científicos.

Estructura de la tiroxina
Estructura de la tiroxina

Lo que era inusual en él era su apreciación de la importancia de los avances en otros campos distintos al suyo. Así, su libro sobre la glándula tiroides abarcaba su fisiología, su patología y los aspectos clínicos de sus trastornos y los unía, junto con su química, en una síntesis intelectual. Esta inusual capacidad de «meterse en la piel» de otros temas distintos al suyo, y de ver el conjunto desde una perspectiva única, fue lo que le distinguió. Esto fue lo que, combinado con la creciente evidencia de su talento para la administración, explicó su nombramiento, a pesar de su falta de cualificación médica, para suceder a Sir Henry Dale como Director del Instituto Nacional de Investigación Médica.


Instituto Nacional de Investigación Medica

Cuando Harington asumió el cargo, el país estaba en plena segunda guerra mundial. Inmediatamente tuvo que hacer frente a toda una serie de problemas exigentes. Lo hizo con una fiabilidad desinteresada que se ganó el respeto de científicos y administradores por igual. Terminada la guerra, tuvo que trasladar el Instituto a unas instalaciones mucho más amplias. Cuando asumió el cargo tenía una plantilla científica de 45 personas. En previsión del traslado, la plantilla se amplió a 80 personas. Cuando se jubiló, eran 145.

La obtención de diecinueve becas de la Royal Society y de un premio Nobel es una muestra suficiente de la calidad del trabajo realizado bajo su dirección. Y fue un director en el pleno sentido de la palabra. Aunque personalmente era escrupulosamente modesto, se mantenía en contacto con todo lo que se hacía y, con su sentido de la perspectiva, veía los vínculos entre los avances en temas aparentemente remotos, lo que le permitía promover muchas combinaciones fructíferas. Además, cultivó deliberadamente los campos en los que se ponen en práctica los resultados de la investigación biomédica.

Fue miembro del Consejo de Administración del University College Hospital, de la Junta del Hospital Regional Metropolitano del Noroeste y presidente del Consejo de la Facultad de Medicina de la UCH. Estos amplios contactos en los círculos médicos y científicos, junto con su perspicaz conciencia de la importancia de los nuevos avances y su evidente falta de egoísmo, hicieron que los hombres aceptaran fácilmente su liderazgo y se dirigieran a él con confianza en sus dificultades. Para satisfacción del Consejo de Investigación Médica, cuando se jubiló en 1962, aceptó actuar como asesor del secretario; y, en ese puesto, su sabiduría y habilidad fueron de nuevo inestimables para integrar los campos de la biología básica, en rápido crecimiento, en la política de investigación médica.


Para Harington, el director de un gran instituto de investigación multidisciplinar era el líder de su campaña de investigación. Tal vez por su formación, el liderazgo le resultaba natural. Aunque era el menos autoafirmado de los hombres, tenía una autoridad natural y su aceptación de la responsabilidad era incuestionable. Para muchos, hoy en día, esta actitud podría parecer paternalista. Pero cuando se jubiló, no había duda del respeto que se le profesaba ni de que éste, en su calidez, iba mucho más allá de la admiración por sus capacidades científicas. Cuando murió, es significativo que una palabra que se repitió en los homenajes que se le rindieron fue «integridad».

Fue nombrado caballero en 1948 y Caballero Comandante de la Orden del Imperio Británico (KBE) en 1962. Murió en su casa de Mill Hill, al noroeste de Londres, el 4 de febrero de 1972.

Para más información Sir Charles Robert Harington


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