Cosméticos radioactivos

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El descubrimiento del radio por parte de Marie y Pierre Curie en 1898 generó un gran interés científico y, en poco tiempo, se encontraron usos médicos y comerciales para este material radiactivo.

El radio a partir de entonces entró en el sistema físico de los rayos alfa, beta y gamma y la estructura atómica; en el sistema químico de los pesos atómicos, las emanaciones y las transmutaciones; en el sistema médico de los tratamientos contra el cáncer y los balnearios de radón; en el sistema comercial de los relojes luminosos, los cosméticos femeninos y los remedios médicos; en el sistema artístico de las pinturas luminosas y la cultura de la clase media estadounidense; y en el sistema industrial de las extracciones de radio, la producción de pinturas luminosas y la industria de la belleza.

Usos médicos y de otro tipo del radio

Desde el punto de vista médico, el radio solía inyectarse o tomarse en pastillas. Se utilizaba para tratar una amplia gama de dolencias, como la caída del cabello, la impotencia, la aterosclerosis, la hipertensión, el reumatismo, la gota, la ciática, la nefritis y la anemia.

Anuncio de Crème Activa (Francia -1917).
Anuncio de Crème Activa (Francia -1917).

Esto condujo a una moda por los productos a base de radio, y la radiactividad en general, durante las décadas de 1920 y 1930. Se añadió a una amplia gama de productos comerciales, entre ellos: lana para bebés, dispensadores de agua, chocolate, agua de soda, soportes masculinos, prendas de base, preservativos, pasta de dientes, supositorios, cigarrillos, productos de limpieza, abrillantadores para botas, fertilizantes, pinturas luminosas y cosméticos. Todas estas aplicaciones comerciales tenían un tema común: que los rayos emitidos por el radio tenían un efecto «vitalizador» en el cuerpo humano.

Uso en cosméticos

Varias empresas introducen materiales radiactivos en los cosméticos. Dado que los trabajos originales sobre el radio fueron llevados a cabo por los científicos franceses Marie y Pierre Curie, no es de extrañar que esto fuera más común en Francia que en otros lugares. En Inglaterra también había varias empresas de cosméticos que utilizaban el radio, pero no se puede decir lo mismo de Estados Unidos.

Radior

Aproximadamente en 1917, la empresa londinense Radior empezó a comercializar una línea de cosméticos que contenían radio, entre los que se encontraban una crema de noche, un colorete, polvos compactos, una crema evanescente, polvos de talco, un tónico para el cabello, un jabón para la piel, polvos para la cara en seis tonos (Blanche, Naturelle, Rachel, Flesh, Ochre y Brunette) y una serie de almohadillas que podían colocarse en la cara.

“Por fin se ha encontrado una fuente de juventud y belleza en los rayos de energía del radio. Cuando los científicos descubrieron el Radio, apenas soñaron que habían desenterrado un revolucionario «Secreto de Belleza». Ahora lo saben. Los Rayos de Radio vitalizan y dan energía a todos los tejidos vivos. Esta energía se ha convertido en una ayuda para la belleza. Todos y cada uno de los productos de aseo «Radior» contienen una cantidad definida de radio real” decía una propagando de la empresa radior.

Anuncio de Radior Toilet Requisites (EEUU - 1918).
Anuncio de Radior Toilet Requisites (EEUU – 1918).

El producto se vendió bien en Gran Bretaña, posiblemente debido a que fue distribuido por Boots «en todas sus quinientas ochenta y cinco tiendas», así como en Harrods, Selfridges, Whiteley’s, Marshall & Snelgroves y otros puntos de venta. También estaba disponible en tiendas seleccionadas en algunas partes del Imperio Británico.

El producto tuvo menos éxito en Estados Unidos cuando se introdujo allí. En una entrevista, un portavoz de la empresa señaló que los estudios de mercado atribuían la causa de las escasas ventas al reducido uso del radio en la medicina estadounidense y a la incredulidad del público de que un material tan caro pudiera utilizarse en almohadillas cosméticas. Un portavoz de la empresa de aquella época explicaba que era «posible dividir y subdividir el radio hasta conseguir una cantidad tan pequeña como una sesentava parte de un céntimo. Parece increíble, lo sé, pero los químicos están acostumbrados a estas divisiones infinitesimales. El radio seguiría siendo auténtico y conservaría todas sus valiosas propiedades. Por esta razón y por su enorme resistencia podemos utilizarlo en estas pastillas y seguir vendiéndolas con beneficio

Radior contrarrestó la idea errónea con la garantía de que el radio estaba presente en todos los productos. Afortunadamente, las ventas de Radior siguieron siendo escasas en Estados Unidos y las personas que utilizaron los productos se expusieron a niveles muy bajos de radiación.

Tho-Radia

En 1933, un farmacéutico, Alexis Moussali, y un médico parisino, Alfred Curie, lanzaron una gama francesa de productos de belleza radiactivos, primero en la Rue des Capucines y luego en el 146 de la Avenue Victor Hugo. Alexis Moussali fue probablemente el cerebro de la operación comercial, y el Dr. Alfred Curie -si es que existió realmente- fue traído por su apellido (Marie y Pierre Curie no tenían ninguna relación con ese nombre).

La gama de productos, que incluía una leche limpiadora, crema para la piel, polvos, colorete, barra de labios y pasta de dientes, se denominaba Tho-Radia, ya que contenía cloruro de torio y bromuro de radio, ambos radiactivos. Los productos eran relativamente caros para la época, posiblemente debido, en parte, al coste de los materiales radiactivos. Al igual que en el caso de Radior, cabe esperar que el coste de los «ingredientes activos» haya hecho que se incorporen menos cantidades de torio y radio en los cosméticos.

La crema Tho-Radia se vendía a 15 francos el bote de 155 gramos; el jabón, a 3 francos la barra de 100 gramos; el polvo, a 12 francos la caja de 50 gramos; la pasta de dientes, a 6 francos el tubo. A pesar de su precio relativamente elevado, se vendió en toda Francia desde 1933 hasta principios de los años 60, pero no he encontrado ninguna prueba de que tuvieran un distribuidor en el mundo anglosajón. Cuando se han analizado los productos en la década de 1960, se comprobó que seguían siendo radiactivos.

Al igual que otros productos de la época, Tho-Radia se anunciaba como un método científico de belleza (Méthod Scientific de Beauté). Los «beneficios» médicos del radio habían sido muy publicitados en la prensa francesa y eran bien conocidos por la población francesa de los años treinta. La publicidad de los productos muestra un rostro iluminado desde abajo que parece «resplandeciente». ¿Qué puede ser más saludable que un cutis resplandeciente?

Un folleto asociado producido por la empresa hace las siguientes afirmaciones:

Estimula la vitalidad celular, activa la circulación, reafirma la piel, elimina las grasas, detiene la formación de poros dilatados, detiene y cura los forúnculos, las espinillas, las rojeces, la pigmentación, protege de la intemperie, detiene el envejecimiento y elimina las arrugas, conserva la frescura y la luminosidad del cutis.

Crema artes

En 1933, se lanzó al mercado cosmético británico una nueva crema rejuvenecedora a base de radio. Fabricada en Londres, con radio importado, se afirmaba que «ayuda a la circulación sanguínea y, en general, tonifica la piel». En lugar de contener sales de radio, la crema se fabricaba con gas de radio.

Anuncio de Crema Artes (Gran Bretaña - 1932)

Según los anuncios de la época, el uso del radio en sí mismo era imposible debido a su tremendo coste y a su efecto nocivo sobre la piel. Sin embargo, se consideraba que el radón, que es el gas que se obtiene del radio, impregnado en la crema, era el componente que da a la crema su valor.

“No puede haber peligro de efectos nocivos por acumulación porque el radón se elimina completamente de la piel en un período de seis horas. Tenemos entendido que esta forma de tratamiento cuenta con la aprobación de las autoridades médicas y científicas tanto en Inglaterra como en el continente” afirmaban las cuñas radiales.

Kemolite y otros tratamientos de barro

En los años 20 del siglo pasado se generalizó el uso de arcillas para el cutis, tanto en salones como en tratamientos caseros. Una variante de esta tendencia fue el uso de barro radiactivo, siendo la forma más común el Plasma de Belleza Radioactivo Kemolite, anunciado como un barro volcánico de los Cárpatos.

Los salones de belleza también podían proporcionar a los clientes un paquete de barro radiactivo mezclando una pequeña cantidad de material radiactivo con una arcilla normal para el cutis.

El uso de materiales radiactivos en los cosméticos es un buen ejemplo de lo que puede salir mal cuando la industria de la belleza se sube demasiado rápido al carro de un avance científico. A pesar de esto, y de otros ingredientes que también resultarían perjudiciales para la salud, el papel de la ciencia en la industria de la belleza aumentó, no disminuyó, durante el siglo. Incluso hoy, cuando tantos demandan productos más «naturales», seguimos recurriendo a la ciencia para garantizar su pureza y seguridad.

Para más información Radioactive Cosmetics

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